La abdicación de Pablo Iglesias (nota breve)

Miguel Candel, Opinión, Opinión de miembros de AIRE
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Para tratarse de un republicano convencido (se supone), la renuncia de Pablo Iglesias a la vicepresidencia segunda del Gobierno del Reino de España ha dejado un regusto monarquizante bien curioso. ¿De qué otro modo sino como gesto típicamente monárquico se puede calificar el hecho de acompañar su renuncia con la designación de una “sucesora” (lejos queda, Deo gratias, la ley sálica)?

Tomarse en serio la concepción republicana de la vida política es algo muy, pero que muy exigente. Implica renunciar a todos los tronos. Empezando por el que tan tentador nos resulta construirnos nosotros mismos tan pronto como empezamos a tener “seguidores”. Si llevaba razón Saint-Just al decir que “no es posible reinar de manera inocente”, hay que andarse con mucho ojo para no hacer lo que nos dé “la real gana”. Y eso, que la democracia está en principio llamada a evitar, no resulta nada fácil. Precisamente porque la visión mercantilista imperante en la democracia contemporánea (en que no siempre gana el que más gasta, pero nunca gana el que gasta menos) lleva aparejadas grandes dosis de autobombo publicitario, no ya en período electoral, sino de manera permanente. Y del autobombo al endiosamiento sólo hay un corto paso, y de ahí al culto al líder “carismático”, menos distancia todavía.

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