Si Junqueras es Mandela, nosotros somos…

Opinión, Referentes de La Izquierda
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Por Félix Ovejero

Lo único que no se ha intentado en Cataluña, lo verdaderamente nuevo, es el cumplimiento de la ley.

Cuesta confiar en los defensores de los indultos. ¡Resultan tan mudadizos! Tengo la impresión de que si el presidente no los hubiese anunciado, ahora mismo estarían diciendo lo contrario de lo que dicen. No especulo, que disponemos de un experimento natural: muchos de ellos, como tantos otros españoles, apoyaron a Sánchez cuando en la campaña electoral proponía el cumplimiento íntegro de las penas. O entonces o ahora no se tomaban en serio. La única explicación que se me ocurre no honra sus virtudes epistémicas.

Pero como al entender a los demás siempre hay que asumir el principio de caridad interpretativa, incluso si hacerlo requiere mucho esfuerzo, cabe otra conjetura distinta del servilismo intelectual: están instalados en el guion que ha regido el trato con los nacionalismos desde la Transición. Porque, y eso tendrán que concederlo, no hay novedad en el relato «hagamos concesiones a cambio de que no cumplan su amenaza de saltarse la ley». Algunos lo llaman diálogo; otros, concordia; incluso, unos pocos, respuesta política. Yo, partidario del diálogo, la concordia y, sobre todo, de las respuestas políticas, creo que se trata de otra cosa que prefiero no calificar. En todo caso, lo que nadie negará es que si estamos donde estamos es por tantos años de mantenernos fieles al relato mencionado. Y que nadie dude dónde estamos: agradeciendo el cumplimiento de la ley. Qué digo agradeciendo: retribuyendo. Incluso cuando no se cumple.

En su variante actual el guion general sostiene que «el indulto quita razones a los independentistas». Ante sus reclamaciones, deberíamos ceder y «dejarles sin argumentos». Para no darles excusas, les damos la razón. Y no olvidemos en qué les damos la razón; se resume en cinco palabras: «España no es una democracia». Las condenas serían el último ejemplo: el Estado vengativo, recuerden. Estaríamos obligados a tranquilizar a quienes afirman esas locuras… dándoles la razón y, por caminos retorcidos, ahora sí, convirtiéndolas en verdaderas.

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