8 de octubre de 2017: a veces sucede lo imprevisible [1]

Opinión, Opinión de miembros de AIRE, Salvador López Arnal
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El pulso, las manos, las piernas, el corazón, la mente… temblarían. No era para menos. Con escasos medios (nada de 250 autocares fletados), ningún eco en los medios del Régimen .Cat y pobre organización, las dudas se agolpaban: ¿cómo respondería la ciudadanía no nacionalista ante el envite?, ¿se atreverían?, ¿tendrían coraje suficiente?, ¿dejarían claro que también la calle era suya? O, por el contrario, ¿se impondría de nuevo la rabia contenida, el silencio, la frustración, el decir y no hacer, el “eso es lo que hay y no hay más”, el “nada puede hacerse”, el sentirse extranjeros, el “ellos, solo ellos, marcan la pauta y elaboran el guión”?

Y sucedió lo que muy poca gente imaginaba (incluso, probablemente, los propios organizadores): la Cataluña silenciada, la Cataluña trabajadora, la Cataluña charnega (también una parte de la no charnega), la Cataluña insultada, la Cataluña que parecía haber aceptado durante años y años el hacer y decir nacionalistas, els altres catalanas, las gentes que vivían y viven en barrios en los que la ciudad pierde su nombre, perdió su excesiva prudencia, su conformismo, su pesimismo, y se levantó y alzó su voz. ¡Y de qué manera! Con meridiana claridad, pudo oírse su malestar, sus objetivos, sus razones, su sentir, su ser político, sus deseos de solidaridad, fraternidad y apoyo mutuo, su oposición a la construcción de un nuevo muro-Estado, a los planes secesionistas, al etnicismo, a la ruptura del demos común,… En toda la ciudad, en toda Cataluña, en España, en Europa, en el mundo entero.

Del carácter de clase, de las características sociales de una grandísima parte de los manifestantes no hubo ni hay ninguna duda: trabajadoras y trabajadores de los barrios barceloneses y del extrarradio; familiares, hijos, nietos, de aquellos trabajadores inmigrantes que vendían su fuerza de trabajo en plaza Urquinaona; gentes -así lo decían algunas de ellas- que nunca habían acudido a una manifestación. Nunca. Metros, autobuses, trenes de cercanías, llenos, totalmente llenos, sin que cupiera un alfiler. A reventar. Gente, mucha gente, que no pudo acudir a la convocatoria. ¡No se cabía! La bandera nacional (algunos llevamos la republicana) y la señera (también la de la UE, ciertamente) fueron los símbolos protagonistas. No hemos olvidado la intervención de Carlos Jiménez Villarejo. Con Brecht: Hay personas que luchan un día y son buenas./ Hay otras que luchan un año y son mejores./ Hay quienes luchan muchos años y son muy buenas./ Pero las hay que luchan toda la vida,/ Esas personas -gentes como el compañero-ciudadano Jiménez Villarejo- son las imprescindibles.

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