ANTE EL ACUERDO TRIPARTITO PARA LA REFORMA LABORAL

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Declaración de AIREs (Alianza de la Izquierda Republicana de España)

Tras meses de negociaciones y regateos, llenos de gestos impostados de la patronal, divisiones gubernamentales y amenazas -que nunca pasaron del papel a los hechos- de movilizaciones o de imposición sin pacto a tres, el barco de la nueva reforma laboral ha llegado a puerto. Y lo primero que cabe afirmar es la gran semejanza de este Acuerdo con el resultado del proverbial parto de los montes: la montaña ha parido un ratón.

El Acuerdo se centra, como quería la parte sindical, en intentar atajar el problema de la temporalidad y precariedad de los contratos. Ese que hace que el número de estos sea millonario en España y que proliferen, incluso, los que no duran más que unas horas. Desafortunadamente la forma en que esto se aborda, con eufemismos voluntariosos y muy pocas obligaciones empresariales, hace sospechar que el objetivo no se cumplirá.

Tampoco se puede ser optimista respecto a la defensa del empleo. Algo que es muy necesario cuando los datos contrastados dicen que el crecimiento económico interanual a 30 de septiembre sólo fue del 3,4%, lo que, unido a los embates de la pandemia en este último trimestre del año, convierte en agua de borrajas las previsiones económicas gubernamentales. El Acuerdo incide en una herramienta ya ensayada y que ha dado buenos resultados hasta ahora: los ERTE. Pero esta herramienta, desarrollada a través del mecanismo que el Acuerdo denomina RED, afecta gravemente a las arcas públicas y nos hace cada vez más dependientes del Banco Central Europeo y la UE. Y ambos, por mor de como están empeorando los datos económicos en el país hegemónico de la UE y por las ideas ultraliberales imperantes en el FDP que es el nuevo responsable de la política económica en Alemania, no tardarán en disminuir sus ayudas.

Por eso el Acuerdo niega una vieja demanda sindical y limita la prioridad de los convenios de sector al tema salarial, pero no modifica en nada en artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores (el que permite que las empresas modifiquen las condiciones de trabajo sin intervención de la autoridad laboral y dejando la única vía de los tribunales a los trabajadores), con lo que la patronal seguirá decidiendo sobre las flexibilidades de ritmos y tiempos de trabajo.

En realidad el Acuerdo sólo concede un tanto a los trabajadores: la recuperación de la ultractividad de los convenios.

Así las cosas no es extraño el victorioso editorial del ABC, principal vocero de la derecha política y económica española, lleno de satisfacción por este Acuerdo tripartito y que concluye que, frente a lo que decía el programa gubernamental, la contrarreforma -ellos lo llaman reforma- laboral del PP no ha sido derogada, sino meramente matizada. Además de hacer hincapié en que, pese a ciertas baladronadas gubernamentales, el Gobierno siempre estuvo dispuesto a allanarse a las peticiones de la UE, que exigía un pacto a tres y con las características del firmado.

Curiosamente este aspecto, el de la influencia soberana de la UE, es obviado en todas las valoraciones ajenas a la derecha.

Naturalmente la propia existencia del Acuerdo justifica ya al Gobierno y es lógico su entusiasmo al margen de lo que diga el texto del mismo.

Lo que no es tan lógico es el fervor con el que este ha sido recibido por el PCE. Seguramente por aquello, tan español, de ser más papistas que el Papa, el PCE ha declarado que el “histórico” Acuerdo está lleno de virtudes y lo repite en varios párrafos sin entrar al detalle analítico en ningún momento. Aparte de afirmar que la derecha y la patronal quedan fulminadas y divididas por su existencia. Lo que no parece ser el caso, visto lo editorializado por el ABC, que parece reducir las quejas de algunas patronales al sempiterno juego de mantener posturas propagandísticas sin más alcance que este.

Esta valoración del PCE está a la altura -más bien bajura- de la inopia política que mostró en 1931 al proclamarse la II República. Claro que entonces el PCE era la llama española de una hoguera que iluminaba todo el mundo y podía recibir luz de ella. Como así fue con la que le llegó por medio del VII Congreso de la Internacional Comunista. Pero ahora depende de sus propias fuerzas y por este camino su destino parece semejarse, cada vez más, al sufrido por el PCF en el gobierno francés de 1981, cuando tras ser exprimido como un limón por Miterrand, fue arrojado a la inanidad política en que se debate la izquierda francesa, más allá del espejismo Melenchon, desde entonces. Y aclaramos, para los incautos, que no nos referimos a las fuerzas sociales y sindicales democráticas francesas, que más de una vez en los últimos años han hecho retroceder a su gobierno. Hablamos de la impotencia política que les ha obligado a votar por Chirac o Macron como exponentes de un mal menor.

En cuanto a la posición de la principal organización sindical española -CC.OO.-, podemos entenderla, pero parte de ese mismo error del mal menor y puede tener graves consecuencias.

CC.OO. es consciente de la verdadera realidad del Acuerdo, pero valora las pequeñas rectificaciones hechas a la agresión antisindical del 2012, así como lo que representa la presencia sindical y el carácter tripartito del mismo. Olvida, sin embargo, la desmoralización y el debilitamiento sindical que traen las esperanzas que no se cumplen. Algo ya visto antaño con los Pactos de la Moncloa.

Ya hemos señalado los peligros de este Acuerdo y hay que añadir la rampante inflación, que ya llega al 5,5% interanual, mientras los salarios apenas han subido un 1,5% (las pensiones el 3,4%), con la salvedad del metal gaditano gracias a su ejemplar movilización. Todo esto puede hacer que, cuando llegue el momento -que llegará-, de enfrentarse a este o al siguiente Gobierno, el movimiento sindical se encuentre sin pulso.

AIREs llama, pues, a no confiar en este Acuerdo, a analizarlo y explicarlo con exactitud y a combatir políticamente y sin improperios a sus partidarios. Poniendo el acento en los peligros que tiene para las mayorías sociales de España la dependencia de los dictados de la UE y de sus señores nórdicos. Pero, a la vez, hemos de procurar ganar influencia en el movimiento sindical y defender al máximo su unidad organizativa y su combatividad.

Barcelona, 24 de diciembre de 2021

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