Nada entre dos platos.

Ernesto Gómez de la Hera, Opinión, Opinión de miembros de AIRE
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Mientras se pasa de puntillas, apenas con escasas notas breves, sobre asuntos de verdadera trascendencia nacional e internacional, los medios de comunicación grandes, pequeños y mediopensionistas, tanto amigos como enemigos del Gobierno social y de progreso, o social-comunista para otros, han gastado tinta y bits en abundancia en un tema que sólo muestra la mediocridad de nuestra política actual. Claro es que nos referimos a la polémica generada por la entrevista a Alberto Garzón aparecida en The Guardian del pasado 26 de diciembre.

Según unos dicha entrevista muestra la estolidez de un ministro que, a falta de competencias reales en su ministerio, trata de hacerse publicidad a costa de un importante sector económico, sin importarle las graves consecuencias que para ese sector pudieran tener sus palabras, dentro y fuera de España, pues, mal que les pese a sus enemigos, Alberto Garzón no deja de ser ministro del Gobierno español. Naturalmente, para hacer hincapié en todo esto, se han multiplicado las declaraciones de los portavoces oficiales de ese sector económico, así como las de sus amigos y mediadores políticos, que forman una buena cohorte.

Para sus amigos el ministro, en cambio, ha puesto el dedo en la llaga de un importante problema medioambiental que origina ya bastantes daños y ocasionará muchos más en un futuro cercano. Para ello se han sacado al escenario, y se han multiplicado sus voces favorables al ministro, a personas que no se representan más que a sí mismas. Se han rescatado temas de importancia real, pero que pasaron desapercibidos antes, como las denuncias sobre la situación del mar Menor, por más que no tengan gran cosa que ver con esto. Y se ha publicado una versión, la completa según se ha dicho, de la entrevista para intentar atenuar la impresión de lo aparecido originalmente en The Guardian.

También han actuado los indiferentes por así decir, aquellos obligados a apoyar a Garzón, ya que de ello depende la permanencia del actual Gobierno y su posible futuro, pero conscientes de que estas declaraciones ponen en riesgo, precisamente, ese posible futuro. Estos son quienes han hablado de posiciones a “título personal”. Algo vergonzoso y falso, pues cualquier ministro es una parte indivisible de la cima del Poder Ejecutivo español, en tanto no cese. Con ello solamente han vuelto a poner de manifiesto sus ganas de esquivar todos los problemas, sin jamás resolver ninguno, además de su ruindad y cobardía.

Sin embargo lo cierto es que todo el asunto, reducido a sus límites verdaderos, sería de una irrelevancia total, excepto por lo que enseña de la mediocridad que mencionábamos arriba.

El ministerio de Consumo apenas tiene atribuciones, personal y presupuesto. Así que hay que suplir esto con una buena política publicitaria en la que entran, como no, las entrevistas en medios foráneos, en los que es fácil obviar la falta de competencias en ciertas materias y explayarse sobre toda clase de cosas. Algo imposible en los medios nacionales que saben cuales son los asuntos a tratar con cada miembro del Gobierno, aparte de que a estos no les sería fácil extralimitarse de este modo en un medio nacional. Estas entrevistas, por otra parte, suelen pactarse y organizarse a petición del entrevistado, no del entrevistador. En este caso también ocurre que el medio utilizado, The Guardian, ya ha sido usado antes por grupos de interés españoles. Por eso es más extraño que el equipo de Alberto Garzón fuera incapaz de controlar lo que The Guardian iba a publicar realmente y a que iba a conceder más relieve, máxime cuando, según el propio ministro, transcurrieron doce días entre la entrevista y su publicación. Esta falta de cuidado, este desconocimiento del fatal impacto que la entrevista iba a tener en España, no en Gran Bretaña, siendo precisamente tener un impacto español positivo el auténtico objetivo de la entrevista, es lo más grave. Si lo sumamos a la torpeza de las posteriores explicaciones, tras surgir el escándalo, habla muy alto de la incapacidad política de ese equipo ministerial y de su dirigente. Y lo peor es que ese incapaz dirigente también lo es de la más organizada fuerza política de izquierdas que hay en España.

Por lo que hace al tema ambiental y agropecuario derivado de la entrevista hay que recordar que este punto era anecdótico en ella. Y también lo es para quienes han tomado pie en ella para atacar al ministro y al Gobierno. No obstante, para quienes no deseemos ser cómplices de la mediocridad que aquí denunciamos, sería trascendente prestar atención tanto a las consecuencias ambientales de la producción ganadera, como a la organización de la propiedad y comercialización de esa producción.

Ernesto Gómez de la Hera

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