Tras el XXI congreso del PCE

Ernesto Gómez de la Hera, Opinión de miembros de AIRE
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1.- El PCE ha sido hasta ahora el depositario de las mejores tradiciones democráticas y de defensa de las clases populares españolas. Su existencia ha sido una garantía de mantenimiento del hilo rojo que nos une a nuestra historia, a lo mejor de ella con sus luchas, sus victorias y también sus derrotas.

2.- El PCE ha iniciado el segundo siglo de su historia en unos instantes cruciales. Por una parte ocupando posiciones gubernamentales, por otra asistiendo a una constante disminución de las fuerzas y organizaciones populares, algo constatable en los resultados electorales, pero también en la debilidad numérica de las movilizaciones populares existentes (baste como ejemplo lo sucedido en las ocurridas como respuesta a la cumbre madrileña de la OTAN). Y una cosa está estrechamente ligada a la otra. Mientras hace 86 años el crecimiento de las fuerzas democráticas derivaba de su actuación política gubernamental, hoy la presencia en el Gobierno es la razón principal del debilitamiento de estas fuerzas.

3.- Este hecho es obvio para todos los cuadros y dirigentes del PCE, pero la reacción al mismo es muy diferente y de aquí surge la división que se ha producido, de manera muy rotunda y palpable, en el Congreso. La mayoría de la dirección, seguramente por motivos poco confesables, ha decidido priorizar la presencia gubernamental pase lo que pase con los movimientos democráticos populares (más allá del ineficaz recurso a la repetición de lemas nunca respaldados por hechos). Otra parte del partido ha decidido tratar de rectificar esta línea y, sin despreciar la política institucional (desprecio que jamás ha formado parte de la tradición política del PCE), ha optado por priorizar la defensa de la fuerza y organización de los movimientos populares.

4.- Este enfrentamiento se ha saldado con la clara victoria de los primeros, por más que algunas reacciones puedan dar la impresión de que los perdedores no se han dado cuenta (aunque seguramente su núcleo dirigente sí es consciente de ello). En todo caso es una victoria pírrica y hay varias razones que lo muestran así: Primero la poca diferencias de votos habida en el Congreso entre ambas tendencias, máxime si consideramos la serie de graves infracciones reglamentarias a que ha recurrido la mayoría de la dirección para lograr esa ventaja. Segundo el descrédito que todo esto supondrá para el PCE, descrédito que no será menor por haber impedido el acceso de los medios de comunicación al Congreso, sino mayor seguramente. Tercero por el apartamiento de responsabilidades que van a sufrir los cuadros y dirigentes de la tendencia perdedora, lo que traerá consigo un empeoramiento de la calidad de la dirección partidaria, y aún peor sería si estos cuadros y dirigentes realizaran ahora cualquier tipo de pacto “a posteriori” con la tendencia ganadora, pues eso incrementaría todavía más el descrédito entre sus seguidores, así como el partidario. Cuarto por la repercusión del resultado en la implantación territorial del PCE, pues las ganadores son dominantes en un único territorio y este, por fuerte que sea allí la organización partidaria, está en retroceso y no puede ya respaldar nada de carácter nacional en solitario; en cuanto al resto de territorios es muy difícil que colaboren sinceramente por lo expuesto en la razón previa y alterar esta realidad inventándose nuevas direcciones territoriales (recurriendo a las argucias acreditadas para estos casos), sólo ayudaría a destruir más la organización del PCE en esos territorios.

5.- Todo lo anterior ya es bastante malo para quienes seguimos creyendo en la trascendencia de lo apuntado en el punto uno, pero todavía hay cosas peores. La antidemocrática conducta de la dirección partidaria en la preparación y en el transcurso del Congreso hace que sea muy probable su continuidad ahora. Es decir, prevemos un intento de aplastamiento de la tendencia perdedora, mientras se hacen algunas “ofertas” de participación de tipo individual a algunos de sus integrantes. La aceptación de esas “ofertas” (por individuales que fueren) perjudicarían mucho a la tendencia perdedora y la debilitarían sobremanera de cara a intentar un nuevo asalto a la dirección partidaria. No hace falta decir que la continuidad de estas prácticas antidemocráticas disminuirán aún más el peso y la influencia política del PCE, aunque no parece que esto vaya a ser muy considerado por quienes toman las decisiones dentro de él.

6.- Más dudosa es la cuestión de la línea de acción que vaya a seguir la tendencia perdedora del Congreso. Las primeras reacciones habidas parecen abonar que su intención es argumentar que el resultado conseguido es un primer éxito y que la lucha seguirá hasta cambiar el rumbo político del PCE. Cuentan, para defender esto, con su implantación mayoritaria en tantas organizaciones territoriales, así como con su fortaleza en el  nuevo Comité Central. Pero esto no es real. La verdad es que la mayoría del Comité Central (y es este quien decide verdaderamente en un partido comunista) está contra ellos y lo hará sentir. También lo hará sentir en los territorios (así lo indica lo ya sucedido), donde recurrirá a todas las armas que tienen (son muchas, por ejemplo controlan la propiedad de las sedes y el dinero) sin importarles el daño que ocasionen al partido. El efecto que esto causará entre los partidarios de la tendencia perdedora no es difícil de prever: se llama “votar con los pies” y es algo que se ha producido muchas veces en ocasiones parecidas en todo tipo de partidos.

7.- Siempre que pasa eso surge la tentación de la escisión. Pero surge cuando el momento decisivo ya ha pasado, cuando ha cundido la desilusión y cuando las dudas bloquean la capacidad de decisión de muchos cuadros y dirigentes. En suma, el momento de la escisión sería ahora, cuando todavía está intacta la fuerza organizada que ha permitido plantar cara en el Congreso y que permitiría enfrentarse, con alguna posibilidad de éxito, a los ganadores, ya que estos no tienen tanta fuerza partidaria organizada, más allá de la facilitada por los trucos y trampas reglamentarias aplicadas y la derivada de sus posiciones gubernamentales.

8.- De todos modos ya hemos dicho que no parece que esta sea la intención, así que nos quedamos con nuestro pesimista pronóstico anterior. El de que este XXI Congreso significa un punto de no retorno y el inicio del final de una fuerza política decisiva en los instantes culminantes del último siglo de la historia de España. Para el próximo siglo tendremos que construir algo nuevo, aunque siempre habrá que contar con los mejores elementos de toda construcción anterior.

Ernesto Gómez de la Hera

10 de julio del 2.022

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