¿CHILE EN LA ENCRUCIJADA, PERSEVERA EL MALESTAR CONTRA EL NEOLIBERALISMO O LA VIEJA POLÍTICA VOLVERÁ A SUSTENTARLO?

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Artículo de Luis Urra Muena. Profesor de Economía Política y activista social en Chile.

En Chile la llamada revolución neoliberal de la derecha fue concebida e impuesta bajo la dictadura militar, sin embargo, con el advenimiento de la democracia desde 1990 hasta el año 2010 se instalaron gobiernos de centroizquierda, los cuales bajo el denominado “periodo de transición” funcionaron como los verdaderos administradores y consolidadores del neoliberalismo en Chile.

De los cuatro modelos que ha desarrollado del capitalismo mundial, el neoliberalismo ha sido el más fructífero para la acumulación y concentración del capital vía una globalización mundial que prometía globalizar el trabajo, el comercio, el capital, la cultura, la ciencia, la tecnología, en definitiva, el desarrollo político y socioeconómico mundial para todas las naciones. Empero, bajo el modelo neoliberal las únicas expresiones globalizantes han sido el capital y el comercio. Y el alto nivel alcanzado en las ciencias, la tecnología y la inteligencia artificial no ha impedido el aumento de la pobreza y miseria a nivel mundial, la depredación de los recursos naturales, el incremento de los desequilibrios ecológicos y ambientales, y el progresivo sobreendeudamiento o déficits de la sostenibilidad de la tierra para regenerar recursos anuales para la existencia de toda la humanidad.

Chile donde el experimento del modelo neoliberal ha sido el más auténtico y genuino, a internalizado y desarrollado; no sólo grupos económicos nacionales de carácter trasnacional que nunca tuvo, estableciendo pactos comerciales con todo el mundo y una amplia infraestructura  en carreteras, puertos y aeropuertos para dicho fin. Pero al mismo tiempo esta “revolución neoliberal” se sostiene en la masificada y promovida idea, que lo único que daría bienestar, seguridad y éxitos a las personas radica en la dinerización del sentido de la vida. El poderoso Dios dinero ha desencadenado un nepotismo, una codicia, una avaricia insolidaria, una situación donde ya no somos socios, puesto que lo único que prevalece es una corrupción generalizada sin precedentes en nuestro país en instituciones privadas y públicas de todo tipo. Esto llevó a un malestar y hastío generalizado de la población que se expresó en la protesta de más de dos millones de personas en octubre del 2019 contra la política imperante y contra los partidos de izquierda y derecha.

Conjuntamente con ello se expresan con mayor visibilidad y poder organizaciones poblacionales y de base popular que venía gestándose entre medio de izquierdas y derechas, con visiones más progresistas, y con temáticas más sentidas por la población, liberadas por un gran espectro de jóvenes desencantados de la política neoliberal y del espectro de políticos de derecha e izquierda que la sustentan. Esto llevaría de manera impetuosa al fortalecimiento de estos nuevos grupos en la arena política chilena, encarnando las ansias de un pueblo por reformas políticas, económicas y de justicia social. Un hito de ello significó la elección de una asamblea constituyente para que presentará un nuevo proyecto de constitución política del país.

Pero la transición hacia la democracia en Chile está inacabada, la fractura social sigue presente. Desde un inicio de los trabajos de la asamblea constituyente la derecha más conservadora desencadenó una millonaria propaganda de descalificación y críticas al trabajo de esta asamblea. Y como más sabe el diablo por viejo que por diablo los resultados fueron los que ya se conocen. La alta votación del rechazo, es históricamente imposible verla como de la derecha, nunca han obtenido más de un tercio de la población votante, a este resultado contribuyo la centroizquierda que a regañadientes había apoyado a las nuevas manifestaciones organizacionales de la política chilena y también para decirlo francamente a la inexperiencia de estas nuevas organizaciones progresistas que no contrarrestaron adecuadamente, las innumerables falacias y presiones de una millonaria campaña de desprestigio con la cual la derecha  inundo a Chile con el miedo del fantasma del comunismo e interpretaciones antojadizas y falsas sobre el texto constitucional propuesto.

Pero como lo que se rechazó no fue la idea de una nueva constitución, hoy el país se encamina otra vez hacia la creación de una nueva propuesta de constitución. Y veremos, si nuevamente la política corrupta es capaz de manipular a la gente. Porque la derecha con cierto apoyo de la política tradicional de la centroizquierda, quiere nueva constitución, pero una capaz de mantener a las mayorías y los de abajo sometidos al poder político y financiero de siempre, bajo la creencia de que será el pueblo quien “democráticamente”, (aunque convenientemente manipulado y orientado) será quien resuelva.

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